La guerra que nos ocupa ha venido a cambiar el panorama sociopolítico de muchos países, entre otros el español. ¿realmente el conflicto iraquí hubiera podido por sí solo despertar tal cantidad de conciencias aparentemente dormidas? ¿Cómo afectará a una “legalidad internacional” aún en mantillas? ¿Qué razones hay detrás de esta guerra tan criticada? ¿Terminará pronto y con poco coste o asistiremos a un segundo Vietnam? ¿Será una contienda que termine en sí misma o abrirá nuevos frentes y diferencias entre las culturas musulmanas y cristianas? ¿Será el prólogo de esa lucha de las civilizaciones preconizada por Orwell? ¿Cómo afectará al panorama político español? Estas y otras muchas preguntas intentan unos y otros contestarse sin que nadie pueda tener el don de la verdad.
¿Por qué se ha metido EEUU en esta batalla? Caben respuestas tan varias que van desde la simpleza de los sentimientos de venganza de un hijo a favor de un padre que no acabó de hacer los deberes hace doce años a otras más complejas que conviene individualizar. Dos parecen las más claras: esta guerra puede ser la consecuencia lógica de la lucha antiterrorista asumida por los EEUU tras el 11 de septiembre y la toma de posesión por parte de esta nación ante una próximo y bastante previsible cambio geopolítico en la zona de mayores reservas petrolíferas del mundo, que es además la zona de un creciente sentimiento religioso de carácter fundamentalista.
Irak es uno de los países que supuestamente apoyan el terrorismo, que supuestamente posee armas de destrucción masiva y, además, un país que cuenta con una dictadura que ha causado miles de muertos dentro y fuera de sus fronteras y, además, un país al que la comunidad internacional lleva advirtiendo desde hace más de doce años. Ante la llegada al mercado de las armas de destrucción masiva de otras naciones como Corea, es creíble que EEUU desee dejar una advertencia que cree precedente y que actúe como arma de presión a fin de eventuales solicitudes de desarme. ¿Con qué fuerza se puede urgir a otros países para que paralicen su carrera armamentística si Irak, urgido a un desarme desde hace doce años, incumple una y otra vez la resoluciones de la ONU?
Es sabido que uno de los países de los que surgen más células terroristas es Arabia Saudí, hasta el punto que se puede pensar en un juego a dos barajas. La edad y la salud del rey Fahd hacen pensar en un próximo cambio de gobierno que puede afectar de forma imprecisa pero fundamental a occidente. Irak y Arabia Saudí poseen la reservas más importantes de petróleo en la zona. Sin ellos quedaría un tremendo interrogante sobre la continuidad del suministro energético a un país como EEUU cuya economía posee una gran dependencia de él. Desde este punto de vista parecería lógico que EEUU quisiera asegurar su presencia en la zona antes de que se produzca un cambio en Arabia Saudí. Irak, por su delicada situación internacional y por su posición geográfica tan central, parecería el país más propicio para asegurar esa presencia.
¿Y qué pinta España en todo ello? ¿Por qué esa posición tan en primer plano en las Azores o tan dura con Irak en la ONU? ¿No hubiera sido mejor una postura más tibia, como la de Italia, por poner un ejemplo? La diferencia entre España e Italia radica en que la primera pertenece actualmente al Consejo de Seguridad y la segunda no. El turno como miembro no permanente le ha llegado a España en mal momento, obligándole a una postura clara. Y la postura del gobierno español posiblemente no pudiera ser otra. ¿Acaso no se han multiplicado las detenciones de elementos etarras desde el 11 de septiembre? ¿Acaso ETA no parece haber perdido gran parte de su eficacia desde entonces? Y vale la pena recordar las reuniones entre Aznar y Bush para lograr una colaboración antiterrorista que tuvieron lugar hace meses, antes del conflicto iraquí. ¿No es lógico pensar que la colaboración de EEUU puede estar detrás de los últimos avances en la lucha contra ETA? Pero también conviene observar el actual silencio de Marruecos en lo que respecta a unas reclamaciones soberanistas que llegaron a enturbiar tanto las relaciones entre ambos países como para que se llagase a una intervención militar. ¿Y quien intermedió en la solución de aquel conflicto y en el restablecimientos de relaciones entre España y Marruecos? ¿Acaso no fue EEUU? A muchos, y no sin razón, les parecerá triste que un tercero haya de venir a sacar las castañas del fuego a España en su relación con una nación vecina, pero así fueron las cosas y así han sido casi siempre en el mundo. Cada cual se ha aliado con quien más fuerza le diese y España lo ha realizado con EEUU y, ante la política de tibieza que entonces siguió la CEE y los intereses económicos opuestos a España de algunos de los países miembros, posiblemente no cabía otra solución más eficaz. ¿Cómo iba ahora España a desligarse del conflicto iraquí? Pero es más, José María Aznar ha vivido en primera persona la amenaza de ETA y su posición antiterrorista es de las más sólidas. Aznar se ha movido casi siempre por convicciones personales y lo hace una vez más, sin tener en cuenta la proximidad de las elecciones municipales, autonómicas y hasta generales. Pero a ello me referiré más tarde.
Cierto es, y eso sí que se le puede reprochar a Aznar, que entre estar en un primer plano tan expuesto y la discreción de Italia había caminos intermedios. España había de definirse en el Consejo de Seguridad de la ONU y, quizá, no podía adoptar otra postura de fondo, pero cabría haber pensado en unas formas diferentes. Las formas, una vez más, son la gran asignatura pendiente del gobierno del PP. Tanto primer plano en las fotos podía tener muy pocos efectos positivos. La labor de convencimientos en el seno de la ONU que abordó Aznar –y que pocos frutos dio- podía haberse realizado con mayor discreción.
EEUU, empujado más de lo que hubiera sido su deseo por la CEE, trató de realizar la intervención a través del paraguas de la ONU. Sin duda habrían se habrían producido menos razones para la protesta popular de haber existido dicho paraguas. No se produjo. Eran muchos los intereses en juego: Francia mantiene grandes contratos con el actual régimen iraquí y otro tanto cabe apuntar de Alemania. Otros países, al alargarse la consulta, se vieron cogidos entre las presiones estadounidenses y los levantamientos populares. El tiempo ha jugado y todavía jugará una mala pasada a los promotores de la intervención armada. De otro lado, ¿cómo iban a apoyar una serie de países la propuesta de quien se ha negado suscribir acuerdos como aquellos para la preservación del planeta, eliminación de gases o los del tribunal penal internacional? La doble moral americana obtiene el pago de su factura.
Y, a la hora de los acuerdos, ha de considerarse que el estado del bienestar también pasa sus facturas. Quien vive bien pretende seguir haciéndolo y no puede, a corto plazo, estar a favor de una guerra que haga peligrar su estado de bienestar. Como es duro admitirlo así, se disfraza en muchos casos de sentimentalismos inexistentes. Y, en esta postura, a veces se hace tarde para reaccionar. Se les hizo tarde a los europeos ante el nacimiento del nazismo, pero es que se les hizo tarde a lo largo y ancho de la historia, y esto es mucho más importante, a todas las culturas que en su relativo estado de bienestar se abandonaron al poder de otras más bárbaras que llegaron con muchas menos cosas que perder. Les sucedió a los griegos, a los romanos, a los egipcios... Los jabones y las colonias vuelven blandas a las civilizaciones. El hombre que no conoce la historia o se olvida de ella está obligado a repetirla.
¿Cuánto puede durar la guerra y cuál será su coste final en términos de visa humanas y económicos? Nadie puede saberlo a ciencia cierta. Sadam Hussein ha tenido doce años para planificar su defensa. También EEUU para su ataque. La historia nos puede dar una primera impresión una vez más: Dresde, Varsovia, etc hubieron de ser demolidas por entero y alguna de ellas dos veces, por unas tropas y por otras. ¿Cómo puede tomarse una ciudad mayor que Madrid si la resistencia se organiza casa por casa? Sería una tarea imposible. Y los americanos y los ingleses –y esto hay que tenerlo muy claro- no pueden permitirse perder la guerra. Harán cuanto sea preciso para obtener la victoria. Y el tiempo juega en su contra. Las reacciones en los gobiernos de los países árabes de la zona, como Siria e Irán, pueden desencadenarse de forma adversa si la contienda se alarga y EEUU se empieza a ver más como la amenaza imperialista en la zona. Entonces estaríamos hablando de un conflicto de dimensiones mucho mayores, por cuanto acabaría obligando a muchos otros países a tomar posiciones. Si el tiempo se vuelve en contra de la coalición es muy posible que estemos ante una eventual destrucción masiva de Bagdad. Sería un desastre bajo todos los puntos de vista, tanto por los miles de personas civiles que morirían como por la reacción civil en cadena que se originaría. La posguerra, llena de resentimientos en los corazones de los supervivientes, sería inadministrable bajo en manto de la coalición occidental.
¿Cómo afectará esta guerra a corto plazo a la política española? Va a depender en gran parte de que la solución llegue antes de las elecciones o no. Recordemos el dicho: “la victoria tiene mil padres, la derrota es huérfana”. Una victoria clara lo suficientemente antes de las elecciones como para ser asimilada y compartida podría hacer que los populares recuperasen gran parte de los votos que parecen haber perdido. Queda también otra incógnita: ¿qué parte del electorado votará consciente de que desde las administraciones locales se puede hacer poca política, que su principal tarea es administrar recursos y que lo que debería votarse es a los más eficientes para dicha administración? ¿qué parte del electorado guarda silencio por no hacerse notar frente a la actitud de los más antibelicistas, que llega a ser hasta agresiva e intolerante? No dejaría de ser absurdo, pero las encuestas de momento así lo manifiestan, que el poder municipal y autonómico cayera en manos de quien jamás hubiera caído por méritos absolutamente ajenos a ellos y a las propias administraciones locales. Los votantes deberían ser capaces de diferenciar unos temas de otros.
Si la victoria llega en ese pronto plazo, es hasta posible que los partidos de la oposición se encontrasen descabalgados de discurso y la situación se volviera en su contra. Parece, no obstante, que ya no queda tiempo suficiente para que esto se produzca antes del 25 de mayo.
¿Responde la reacción popular exclusivamente a un sentimiento antibelicista o presenta otros ingredientes? ¿Se habría producido la misma reacción hace tres o cuatro años? La respuesta se antoja negativa. Cuando los bolsillos de los españoles estaban llenos, cuando la bolsa no había asesinado muchos ahorros, cuando el acceso a la vivienda no era tema diario en la prensa, posiblemente habría sido más difícil una reacción popular tan exacerbada, con un 90% de la población contraria a la intervención armada. España ha funcionado económicamente mucho mejor que los países de su entorno. Se ha demostrado que el crecimiento económico español no era un simple reflejo de la situación externa. Cuando llegó la crisis a todos, España ha mostrado un fuelle mucho mayor. Pero se ha vendido mal o, mejor dicho, no se ha vendido. En Italia se comunicó el crecimiento del 0,4% en el 2002 como un dato mucho más positivo que el alemán. En España, un crecimiento del 2%, cinco veces superior al italiano, se comentó como el menor en los últimos años. Verdad, pero no toda la verdad.
Una buena parte de la reacción popular corresponde a su vertiente estudiantil, una vertiente que adormecía en unas escuelas y universidades adocenadas. Posiblemente habría seguido en buena parte durmiendo sin otros hechos previos, como una mal presentada Ley de Educación. Cuando los estudiantes se echan a la calle, nunca se sabe en qué momento se detendrán ni qué temas abarcarán sus reivindicaciones.
Otro de los grupos sociales más activos contra la guerra ha sido el de los actores, unos actores que trabajan para una industria en crisis, es decir, que apenas tienen trabajo. El cine español se halla en una crisis de la que se ha escrito mucho. Parte de estos actores buscan un protagonismo que no gozan en las pantallas. Otra parte manifiesta así su descontento por una poco propicia situación laboral que no reparan, ni tienen por qué, las subvenciones oficiales. La reacción del Ministerio de Educación y Cultura tampoco ha sido adecuada.
martes, 8 de abril de 2003
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