jueves, 28 de agosto de 2003

¿Por qué Aznar no nombra sucesor ?

José Maria Aznar es un castellano al que resulta fácil conocer. Una vez que uno introduce sus coordenadas en la cabeza, es fácil predecir sus comportamientos, porque estos responden siempre a una lógica. Hace un par de meses me atreví a publicar en prensa que Aznar debía nombrar a Alberto Ruiz Gallardón candidato al Ayuntamiento de Madrid. Un domingo, quince días después, Aznar llamaba a Ruiz Gallardón a la Moncloa para proponerle la candidatura.
Era una previsión fácil: las encuestas internas sólo daban mayoría absoluta al PP para el Ayuntamiento madrileño a Jaime Mayor Oreja, cuya venida a la capital era impensable. Ruiz Gallardón mantenía su mayoría en la Comunidad, pero esta institución es mucho menos representativa que el Ayuntamiento, aunque maneje un presupuesto superior. Representaba una apuesta lógica desde un punto de vista político: era preferible arriesgarse a perder la Comunidad que el Ayuntamiento. Pero, conociendo la relación existente entre ambos políticos, también era lógica desde un punto de vista personal, dadas las relaciones existentes entre ambos. En una palabra: se le ponían las pilas a Ruiz Gallardón. Si no era capaz de obtener mayoría absoluta en el Ayuntamiento quedaba anulado políticamente. Si lo conseguía, además de obtener el PP el rédito político, quedaba en una posición a todas luces más controlable desde el partido.
¿Por que Aznar aún no nombra sucesor? Desde hace tiempo hay quien asegura que el desconocimiento del nombre de éste viene perjudicando al PP y beneficiando a Rodríguez Zapatero. No lo creo así, ni pienso que Aznar lo crea. Nombrarlo sólo tendría la ventaja de ir haciendo popular al candidato, pero es que el candidato será en cualquier caso una persona conocida de todos al que le bastará un mes para colocarse en la mente del electorado. Nombrarlo ya tendría en cambio una clara desventaja: ponerlo en el punto de mira de toda la artillería de los partidos de la oposición. Desde este punto de vista ya tenemos la primera razón por la que el presidente guarda silencio. Pero hay más.
Las encuestas coinciden reiteradamente en un lento pero claro avance del PSOE, hasta el punto que parece claro que el PP no logrará una nueva mayoría absoluta aunque todavía le quede empuje para la simple. En esta situación resulta obvio que el candidato habrá de poder pactar para llegar a gobernar. Habrá de poder negociar con un número suficiente de partidos que contrarresten las uniones que congregará el PSOE. ¿Quien del PP esta en circunstancias de lograrlo? Las encuestas dicen que Jaime Mayor Oreja seria el candidato más votado, pero ¿podría Mayor Oreja pactar con Convergencia y Unión? La respuesta parece negativa salvo en una situación muy específica a la que me referiré después. Mayor Oreja sería el candidato perfecto si con él se pudiese asegurar la mayoría absoluta, pero esto no parece viable. ¿Quién entonces? Quien sea capaz de lograr un equilibrio entre el número de votos a cosechar y sus capacidades de pactar. Esta última característica se da, en mayor o menor grado, en los demás candidatos que se barajan: Rodrigo Rato, Mariano Rajoy, Ángel Aceves, Eduardo Zaplana o Alberto Ruiz Gallardón. Pero hay mas condicionantes.
En otoño de 2003 se celebrarán las elecciones autonómicas catalanas. Las encuestas otorgan la victoria a Pacual Maragall. Aznar lo sabe y cuenta con ello tanto como cuenta con que le resulte una victoria amarga. Aznar intentará que Maragall gane pero no gobierne, que el gobierno lo forme de nuevo Convergencia y Unión. Su candidato, Arturo Mas, es figura con la que pactar es posible. ¿Y que habrá que pactar? Es bien claro: yo te apoyo allí y tu me apoyas aquí. Por eso el candidato que designe Aznar será una persona con buenas relaciones con Mas y su partido. Pero a Aznar le conviene que el panorama se aclare todavía un poco más. Le conviene salvo que tome otra decisión de indudable calado: hacer coincidir elecciones catalanas y nacionales. En este caso sería mucho más fácil y rápido el dialogo entre PP y Convergencia y Unión, puesto que ambos se necesitarían en la misma unidad de tiempo. No cabrían peticiones adicionales ni engaños posteriores. Esto es algo que Aznar valora sin duda porque, además, daría mayor oportunidad a Mayor Oreja. Una cosa es que el entendimiento entre él y el partido catalán sea poco satisfactorio y otra es que deje tanto que desear como para que Mas renunciase a formar gobierno antes que negociar con Mayor.
Todo ello lo medita Aznar, persona metódica, concienzuda y manejadora de los tiempos como pocas. Antes de las citadas elecciones catalanas, en primavera, llegarán las municipales y autonómicas y no conviene que antes de ellas o en su trascurso surjan tensiones sucesorias en el PP. Por eso y por las otras razones expuestas no sería conveniente un nombramiento previo a ellas. Sus resultados pueden ser determinantes para bien o para mal. Una victoria arrolladora de Ruiz Gallardón podría hacer que Aznar optara por él por mucho que personalmente prefiera a otros, porque para Aznar el partido será lo primero y, a fin de cuentas, sólo dos de los candidatos en liza han vivido el test de unas votaciones: Gallardón y Mayor. Si el primero resultase el elegido quizá Aznar volviera a meditar su permanencia en la presidencia del mismo, fundaciones aparte, porque el presidente sigue el refrán: "no te fíes ni de tu padre".Este es el esquema que, de forma simplificada, baraja la mente de Aznar. Por eso no designara sucesor hasta pasadas las elecciones autonómicas y municipales y por eso quizá adelante las generales para que coincidan con las catalanas, aunque de momento diga lo contrario. Y todo ello sin olvidar que el PSOE puede hacer coincidir catalanas y andaluzas.